Cuando el objetivo es reformar un hotel sin cerrar, la planificación empieza mucho antes de que entre el primer industrial en obra.
Primero hay que decidir qué transformar, qué conservar y, sobre todo, en qué orden debe suceder cada intervención.
Porque el objetivo no es únicamente conseguir habitaciones más atractivas, un lobby con mayor personalidad o unas zonas comunes capaces de elevar la percepción del establecimiento. Durante un tiempo, el proyecto tendrá que convivir con huéspedes, personal, proveedores, desayunos, check-ins y toda la actividad diaria del hotel.
Una de las primeras cosas que observo en estos proyectos es precisamente esa: cómo podemos organizar la intervención para que diseño, obra y operativa convivan con la menor interferencia posible.
Detrás de un hotel bonito tiene que haber muchas decisiones bien tomadas.
Y cuando hablamos de una reforma con el establecimiento abierto, una de las más importantes es la planificación.
¿Es posible reformar un hotel sin cerrar?
Sí. Dependiendo de las características del establecimiento y del alcance de la intervención, es posible plantear una reforma manteniendo total o parcialmente la actividad del hotel.
Pero reformar un hotel sin cerrar no significa simplemente empezar la obra en una planta mientras seguimos vendiendo habitaciones en otra.
Antes hay que estudiar el proyecto completo.
Qué instalaciones se verán afectadas. Cómo circularán los huéspedes. Por dónde accederán los industriales. Dónde se almacenarán los materiales. Qué trabajos generan más ruido. Qué zonas deben quedar completamente aisladas y cuánto tiempo necesitamos realmente para terminar cada fase.
También hay que analizar las necesidades técnicas, normativas y de seguridad específicas del proyecto.
Solo cuando tenemos esa visión global podemos decidir cómo dividir la reforma y qué estrategia permitirá reducir su impacto sobre la actividad del establecimiento.
1. Antes de reformar, decidir qué merece realmente la pena cambiar
Antes de elegir un pavimento, un cabecero o una luminaria, yo observaría el hotel como un conjunto.
¿Qué espacios han envejecido realmente?
¿Qué elementos siguen funcionando?
¿Qué zonas tienen mayor impacto en la percepción del huésped?
¿Y qué merece la pena conservar?
Una reforma bien planteada no debería partir automáticamente de la idea de sustituirlo todo.
Puede haber pavimentos, carpinterías, distribuciones o piezas de mobiliario que todavía funcionen perfectamente y que puedan integrarse en el nuevo concepto.
En otros casos, una habitación puede cambiar radicalmente trabajando sobre elementos muy concretos: cabeceros, iluminación, textiles, color, cortinas, mobiliario o decoración.
El criterio está precisamente en saber dónde intervenir y dónde no hacerlo.
Esta primera decisión es especialmente importante cuando queremos reformar un hotel sin cerrar, porque reducir intervenciones innecesarias también puede simplificar la ejecución, los tiempos y la convivencia entre obra y actividad hotelera.
No siempre necesitamos hacer más.
A veces necesitamos decidir mejor.
2. Cómo reformar un hotel sin cerrar mediante una obra por fases
Una reforma hotel por fases necesita responder a una lógica mucho más profunda que dividir el edificio físicamente.
En las habitaciones, por ejemplo, podemos estudiar una intervención por plantas, alas o bloques, manteniendo parte del inventario disponible mientras se trabaja sobre otra zona.
En los espacios comunes la estrategia suele ser diferente.
Lobby, recepción, restaurante, terrazas y circulaciones tienen una relación directa con la experiencia diaria del huésped. Por eso cada espacio debe analizarse individualmente antes de establecer el planning.
Cada fase necesita tener un principio y un final muy claros.
Antes de comenzar deberían estar definidos:
- espacios que quedarán temporalmente fuera de servicio;
- recorridos alternativos para huéspedes;
- accesos de industriales y personal;
- zonas de almacenamiento;
- horarios para trabajos especialmente molestos;
- entrada y retirada de materiales;
- protección de las áreas ya terminadas;
- separación entre obra y zonas operativas;
- limpieza;
- fecha prevista de entrega de cada fase.
Siempre que las características técnicas del proyecto lo permitan, prefiero pensar en fases que puedan terminarse, revisarse y ponerse nuevamente en funcionamiento antes de avanzar sobre la siguiente.
Esto permite recuperar habitaciones o espacios y evita que el establecimiento transmita durante meses la sensación de estar permanentemente en obras.
3. Separar la experiencia del huésped de la experiencia de la obra
Hay algo que considero fundamental: el huésped no debería sentir que tiene que adaptarse continuamente a nuestra reforma.
Es la obra la que debe intentar adaptarse al funcionamiento del hotel.
Para reformar un hotel sin cerrar, por tanto, hay que estudiar con mucha atención los recorridos y la logística.
La entrada de materiales no debería cruzarse innecesariamente con la llegada de huéspedes.
Los industriales necesitan circuitos claros.
Las zonas de trabajo deben quedar correctamente delimitadas.
Y la señalización temporal debería estar cuidada y ser coherente con la categoría del establecimiento.
Incluso durante una obra, el hotel sigue comunicando su identidad.
Un pasillo mal protegido, materiales acumulados en una zona visible o recorridos improvisados pueden perjudicar la percepción del huésped.
La obra también necesita orden y criterio.
Porque la experiencia del cliente no se detiene mientras estamos reformando.
4. Planificar materiales y proveedores antes de empezar la obra
Uno de los errores que más puede alterar el planning de una reforma hotelera es comenzar sin tener suficientemente cerradas las decisiones de producto.
En un hotel no estamos comprando una lámpara.
Podemos necesitar 40, 80 o 150 unidades.
Lo mismo ocurre con tejidos, pavimentos, griferías, cabeceros, mobiliario, luminarias o revestimientos.
La logística es, por tanto, otro aspecto esencial al reformar un hotel sin cerrar.
Antes de iniciar una fase debemos revisar cantidades, disponibilidad, plazos de fabricación, transporte, montaje y posibles alternativas.
Un material puede ser perfecto estéticamente, pero si llega seis semanas después de la fecha prevista y condiciona la reapertura de veinte habitaciones, deja de ser una buena decisión para ese proyecto.
En interiorismo hotelero, elegir bien significa encontrar el equilibrio entre estética, resistencia, mantenimiento, presupuesto y plazo.
El huésped verá únicamente el resultado final.
Pero detrás de ese resultado tiene que existir una planificación que haga viable su ejecución.
5. Crear una habitación piloto antes de intervenir todo el hotel
Cuando el proyecto afecta a un número importante de habitaciones, y siempre que el alcance de la intervención lo permita, desarrollar primero una habitación piloto puede ser una herramienta extraordinariamente útil.
Permite comprobar el diseño fuera del plano y del render.
Podemos valorar proporciones, iluminación, alturas, encuentros de materiales, mobiliario, textiles, funcionalidad y detalles de ejecución.
Pero también permite observar la habitación desde el punto de vista hotelero.
¿Funciona realmente el almacenamiento?
¿Es cómoda la iluminación junto a la cama?
¿Los materiales responden a un uso intensivo?
¿Puede limpiarse y mantenerse correctamente?
¿Los enchufes están donde el huésped los necesita?
¿La experiencia final responde al concepto que habíamos definido?
Corregir una decisión en una habitación es mucho más sencillo que descubrir el mismo problema después de reproducirla en cincuenta.
La habitación piloto no sirve únicamente para comprobar si el resultado es bonito.
Sirve para comprobar si el diseño funciona.
6. Dirección de obra hotelera: coordinar para evitar improvisaciones
Cuando decidimos reformar un hotel sin cerrar, la coordinación entre todos los equipos adquiere todavía más importancia.
Interiorismo, arquitectura, instalaciones, constructora, industriales, proveedores y equipo del hotel necesitan trabajar sobre una planificación común.
La dirección y el seguimiento de obra permiten comprobar que lo ejecutado respeta las decisiones definidas en proyecto y detectar desviaciones antes de que se conviertan en problemas mayores.
Hay decisiones que sobre un plano parecen pequeñas, pero que durante la ejecución pueden afectar a varias partidas.
Mover un punto de luz puede interferir con un cabecero.
Modificar un revestimiento puede alterar encuentros con carpinterías.
Cambiar una medida puede afectar al mobiliario.
Y el retraso de una pieza puede impedir terminar una habitación completa.
Por eso la dirección de obra hotelera no consiste únicamente en visitar periódicamente la obra.
Consiste también en anticipar, coordinar y mantener la coherencia entre lo que se diseñó y lo que finalmente se ejecuta.
En mi forma de abordar los proyectos hoteleros, esa continuidad es fundamental.
La identidad que definimos al principio tiene que llegar hasta el último detalle del hotel terminado.
7. No perder la identidad del hotel por priorizar únicamente la rapidez
Cuando una reforma debe convivir con la actividad del establecimiento, es fácil que toda la conversación termine girando alrededor de fases, plazos y logística.
Son fundamentales.
Pero no podemos olvidar por qué estamos reformando.
El objetivo final sigue siendo transformar la percepción del hotel.
La nueva habitación, el lobby o el restaurante necesitan tener una identidad clara y conectar con el huésped al que se dirige el establecimiento.
Por eso, antes de decidir materiales o mobiliario, necesitamos entender qué queremos que transmita ese hotel y qué experiencia queremos construir.
A partir de esa dirección podemos decidir qué conservar, qué transformar y dónde concentrar la intervención.
Esta forma de trabajar está presente en mi Método OC Hotel Identity.
Primero entendemos la esencia y el potencial del hotel. Después construimos el concepto y lo traducimos en una experiencia espacial. Finalmente desarrollamos el interiorismo y acompañamos su ejecución para mantener la coherencia del proyecto.
Porque una reforma no debería conseguir simplemente que el hotel parezca nuevo.
Debería conseguir que se perciba mejor.
Reformar un hotel sin cerrar también significa saber qué no reformar
No todos los hoteles necesitan una transformación integral.
Y no todas las áreas necesitan el mismo nivel de intervención.
A veces encontramos habitaciones con una buena distribución y elementos perfectamente aprovechables, pero con una iluminación desactualizada, textiles que han perdido presencia o una composición que ya no transmite la categoría que el establecimiento quiere proyectar.
En esos casos, una intervención precisa puede producir un cambio visual muy significativo.
Es el principio que aplico también en Quick Impact: detectar aquellos puntos donde el diseño puede transformar la percepción sin necesidad de intervenir indiscriminadamente sobre todo el espacio.
Puede ser la iluminación.
Un nuevo cabecero.
Los textiles.
Las cortinas.
Una composición diferente del mobiliario.
El color.
O determinados elementos decorativos.
Saber conservar también forma parte de un buen proyecto.
Y cuando tenemos que mantener la actividad del establecimiento, decidir correctamente dónde concentrar la intervención adquiere todavía más sentido.
Planificación, diseño y operativa deben avanzar juntos
La clave para reformar un hotel sin cerrar no está únicamente en dividir la obra.
Está en anticipar.
Una reforma organizada por fases puede ayudar a reducir el impacto de los trabajos y, cuando las características del proyecto lo permiten, mantener parte del establecimiento operativo mientras avanza la transformación.
Pero existe otro beneficio igual de importante: permite tomar decisiones con más orden.
Cuando concepto, proyecto, materiales, proveedores, industriales, plazos y ejecución están coordinados, disminuye la necesidad de improvisar durante la obra.
Y todo ese trabajo termina percibiéndose en el resultado.
El huésped no verá el planning.
No verá las reuniones de coordinación.
No conocerá los pedidos que tuvimos que anticipar ni todas las decisiones tomadas meses antes.
Verá una habitación cuidada.
Un lobby coherente.
Una iluminación agradable.
Materiales bien elegidos.
Espacios con personalidad.
Y un hotel renovado que sigue teniendo una identidad propia.
Ese es el objetivo.
¿Estás pensando en reformar tu hotel?
Si estás estudiando cómo reformar un hotel sin cerrar, el primer paso debería ser analizar el establecimiento antes de decidir el alcance de la intervención.
En Ornella Carrillo desarrollo proyectos de interiorismo especializados en hoteles, desde la definición del concepto hasta el desarrollo del diseño y el acompañamiento durante su ejecución.
Estudiamos qué merece la pena conservar, dónde tiene sentido intervenir y cómo desarrollar un proyecto coherente con la identidad del establecimiento y la experiencia que queremos ofrecer al huésped.
Porque detrás de un hotel bonito tiene que haber muchas decisiones bien tomadas.